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lunes, 14 de mayo de 2012

Las incongruencias de López Obrador


Usar más recursos públicos para beneficiar a los más ricos a cambio de dejar menos dinero disponible para programas sociales que ayuden a los más pobres es, en el fondo, una propuesta de Andrés Manuel López Obrador. Cualquiera pensaría que esto resultaría en un suicidio político, al menos electoral, cuando quedan menos de 50 días para que lleguen las elecciones, sin embargo, quien lo hace sólo se atrevería a sabiendas de que tendrán cabida en la mente de su grupo de fanseses… y justamente así ha sucedido. 

Sin embargo, si estos groupies reflexionaran un poco en lo inverosímil del discurso de su gallo (aunque por momentos no parezca ni gavilán) se darían cuenta de que no hay seriedad en sus planteamientos. Todo esto viene a colación por las declaraciones que hizo el ex peje de gobierno este fin de semana prometiendo que en su gobierno se acabarían los gasolinazos.

Y es que más que un planteamiento serio parece únicamente que se aprovecha de la polarización que empieza a ser evidente en la contienda electoral. El gasolinazo, la mafia en el poder, Salinas de Gortari, el fraude electoral, etcétera. Son decenas de frases y conceptos que han dejado en la mente de los que lo permiten y que ahora son de total utilidad para sus propósitos electorales. 

Pero algunas se convierten en temas peligrosos por el daño que podrían hacer a la economía del país. Porque usar a Salinas para desprestigiar al PRI, pues allá ellos y la forma como se puedan defender, pero prometer más subsidios irracionales, eso sí es peligroso.

Y más, cuando está claro que López Obrador sí tiene el estilo de usar dinero público para beneficiar a las minorías. Por supuesto que me refiero a los programas sociales para beneficiar a los adultos de la tercera edad y las prepas del DF. Estoy de acuerdo con la implementación de esta clase de programas y servicios, sin embargo,  hay que recordar los niveles de endeudamiento de la capital y otros gastos absurdos.

Ahora bien, hay que decirlo, quien mejor ha puesto en su lugar a López Obrador no es el gobierno panista ni sus opositores priístas ni la mafia. No, el que más en evidencia ha dejado a este aspirante a la presidencia es su sucesor en el Gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard. 

Sin querer verme como palero, Ebrard Casaubón ha demostrado que él sí es un político de izquierda, cooptado por los grupos radicales y reaccionarios de su partido que le impiden gobernar como quisiera al 100, pero con un buen número de aciertos, algunos de ellos en clara discordancia con su sucesor, como construir segundos pisos, sólo que de paga. Es decir, quien quiera usarlos que pague por la facilidad prestada que, a final de cuentas, no costó 3 pesos. 

López Obrador presume su segundo pisito del periférico, ése en el que si usted va al norte acaba rumbo al oriente en un nudo vial de altura y que, ciertamente, es gratuito. 

¿Qué hizo en su momento López Obrador? La respuesta es muy sencilla,  tomó el dinero de todos los ciudadanos, los de Iztapalapa sin agua, los de la Agrícola Oriental sin buen pavimento, los Milpa Alta sin transporte público eficiente y lo invirtió en un segundo piso para los que tienen coche y transitan por el poniente, que es la zona rica de la ciudad.

O sea, benefició a los más ricos con auto, quitándoles a los más pobres que viajan en destartalados microbuses, aplicando la máxima de Robin Hood, sólo que al revés, quitándole a los pobres para dárselo a los ricos.  

Lo mismo ocurre con su planteamiento de la gasolina y la reducción de precios. Primero dijo que esto sería posible por la construcción de cinco refinerías. Quizá alguien ya le explicó que eso cuesta y que tardan en construirse unos seis o siete años. Por lo que ahora se financiará el subsidio del combate a la corrupción. Está bien, necesitará unos 200,000 millones de pesos al año para cumplir su promesa. 

Si algo tiene este personaje es congruencia con su forma de pensar aunque ésta tenga poco que ver con la realidad económica y financiera de México y el mundo. Pero eso en todo caso es problema de la realidad.

Miranda de Wallace: una populista en Iztapalapa



La señora Miranda de Wallace me causa variedad que en ocasiones raya en la ternura, de tan inocente que a veces parece. Y es que se mete cada camisa de once varas, comete cada metida de pata y tiene cada indiscreción que, si a un político experimentado se le barre, a ella, que no tiene el colmillo desarrollado, pues peor. 

Esto viene a colación porque el día de ayer la candidata del PAN anduvo de visita en la hermana república de Iztapalapa (sí, la misma de la que hace unas semanas aseveró que era un bastión perredista porque sus habitantes tenían un alto nivel de analfabetismo), en donde criticó el populismo de la actual administración (aunque al parecer a los izatpalapenses no les molesta demasiado)… ¡para después rifar electrodomésticos! Aunque se defendió diciendo que eso no era populismo, ya que sólo era un regalo con motivo del día de las madres. O sea, si eso no es tratar de comprar el voto que alguien me explique entonces. 

También dijo que los artículos comprados habían salido del presupuesto de su campaña (aunque no especificó el monto invertido) y que se trataba de regalos simbólicos y de bajo precio, a diferencia de otros partidos en donde se regalan plasmas, computadoras o iPads… como los que dio Josefina a los más de 80 obispos que conforman la CEM, ya, ¡ahora todo me queda tan claro! Y bueno, en cuanto al precio de los artículos, me queda claro que si Isabel tuviera mayor presupuesto hubiera comprado cosas más de mayor valor adquisitivo. Lamentablemente, para ella, claro, su campaña resulta por la jefatura de gobierno tan poco rentable que tampoco le invierten mucho. A final de cuentas saben que será dinero apostado al perdedor. 

Además de esto, creo que a Chabela le hace falta un poco de baño de pueblo y realidad. Como bien dijo en su discurso en Iztapalapa, concuerdo en que esta delegación y la Gustavo A. Madero son las que se encuentran más rezagadas en cuanto a servicios públicos y calidad de vida en el Distrito Federal. Sin embargo, hay que darle a las cosas su justa dimensión, por ejemplo, cuando la candidata del PAN habló sobre los niveles de analfabetismo en Iztapalapa, habló como si se tratara de algún municipio recóndito del estado de Oaxaca olvidando que, casi el 100% de la población de la delegación sabe leer y escribir. También llega a sus mítines asumiendo que existe un descontento generalizado con las gestiones perredistas a nivel delegacional y del DF. Lamentablemente, para ella, otra vez, las encuestas electorales dicen que más de la mitad de la población del DF no sólo está bastante cómoda siendo gobernada por la izquierda (espectro en el que también entra Beatriz Paredes) sino que además piensa votar por la continuidad por lo que, al llegar esta mujer a decir que, de ganar ella, las cosas cambiarían radicalmente, por supuesto que la respuesta que obtendrá será un rechazo contundente. Alguna modificación habrá que hacerle a esa campaña aunque, afortunadamente para nosotros, ya queda poco tiempo y seguramente tendrá que apechugarse con su 11-15% de votación el 1 de julio. Quien por su gusto muere.